En
las bienaventuranzas se plasman los contenidos de la obra de santidad que Dios quiere hacer - y
hace- y valora en cada ser humano, es verdad que contando
siempre con nuestra colaboración. Jesús
en el monte dio y nos dio un mensaje dirigido directamente a nuestro corazón,
expresando aquello que Dios valora en la vida del ser humano. Pero no es fácil ese convencimiento que inunda
de luz el enigmático mensaje de las bienaventuranzas. Hemos de orar mucho y
pedir que nuestro corazón y entendimiento se abran a la eficacia vivificadora
de la Palabra de Dios.
Sería
un error escuchar las bienaventuranzas como un mensaje imposible, como una
cuestión que, tal vez, pueda cumplirse en la vida futura o que, por otra parte,
es una utopía de imposible realización. Podemos observar su existencia y sus
efectos en la vida cotidiana, en personas que tenemos cercanas.
Todo
el contenido de las bienaventuranzas se convierte en realidad. Esa realidad ya
viene anunciada en la primera lectura. Sofonías profetiza la obra de Dios,
Jesús da plenitud a esa obra al proclamar las bienaventuranzas.
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