La semilla que cae en tierra
El Evangelio nos presenta diversas clases de terrenos en los que cae la semilla. A través de esta imagen, Jesús nos explica cómo acogen la semilla de la Palabra de Dios los diversos grupos de personas. La parábola nos habla de cuatro tipos diferentes de terrenos, es decir, de cuatro tipos de personas que se diferencian por la acogida que dan a la Palabra de Dios.
1º. En primer lugar, Jesús
habla de la semilla que cae al borde del camino, la cual se perdió. Hay un
primer grupo de personas que no acogen la Palabra de Dios. Las fuerzas del mal
destruyen esa semilla. Es doloroso encontrar personas que rechazan con
violencia cualquier referencia a Dios y a la religión. ¡Sólo Dios, que conoce
lo profundo del corazón, puede juzgar ese rechazo!
2º. En segundo lugar, Jesús
habla del terreno pedregoso: “significa el que escucha la Palabra de Dios
y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante,
y en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe”. Son
personas superficiales, de reacción inmediata, con entusiasmos pasajeros.
3º. En tercer lugar, está
el terreno inundado de zarzas, que ahoga la semilla. Las zarzas simbolizan los
afanes de la vida y la ambición de bienes materiales. En este contexto es
imposible que se desarrolle una espiritualidad. Da la impresión que el caso más
frecuente en nuestro tiempo es éste tercero. Las espinas en realidad, no son
cosas punzantes sino atractivas. Jesús las interpreta como la preocupación por
las cosas del mundo y el engaño de las riquezas. Hoy, tal vez se nos presentan
muchas cosas interesantes, diversiones, ocasiones para obtener beneficios a
través de métodos ilegales como la corrupción la estafa -que
hoy abunda-, la falsedad, búsqueda de comodidad y de riquezas
fáciles. El que se deja atrapar por estas cosas, no estará en condiciones de
recibir la semilla de la Palabra de Dios. Dejarse ahogar por las cosas del
mundo como el deseo desenfrenado de la riqueza, el placer y el poder, convierte
el corazón en tierra árida, con muchas dificultades para fecundar la buena
semilla.
4º. En cuarto lugar, Jesús
habla de la tierra buena, es decir, se refiere a aquellas personas que se abren
al mensaje de Jesús y diseñan un proyecto de vida coherente con esos valores.
Si nos considerarnos como esa tierra donde cae la semilla del
Evangelio, es necesario realizar un examen de conciencia: ¿Acogemos
nosotros verdaderamente la palabra de Dios? Cada domingo
escuchamos en la celebración eucarística, la Palabra del Antiguo y del Nuevo
Testamento; la homilía nos impulsa a reflexionar, a fin de comprenderla y
abrirnos mejor a ella; pero ¿A cuál de las categorías de
personas -tierras- presentadas por
Jesús en el Evangelio nos asemejamos?
