desesperadamente la necesidad de un sentido, un camino, una causa por la que vivir. Nos parece que es lo duro y lo difícil lo que cansa al hombre, pero en realidad es lo fácil lo que desespera al hombre. Y en una sociedad como la nuestra, donde se quiere hacer tabla rasa de toda dificultad y llegar al estado de máxima comodidad, el hombre se ahoga si no tiene un motivo para vivir, una causa en cuyo servicio gastarse y desgastarse. El esfuerzo, el sacrificio, el dar la vida generosamente, pueden llenar la vida del hombre con un sentimiento de felicidad más profundo que el de la comodidad, el confort, la diversión. No es lo difícil, es lo fácil y sin sentido lo que angustia al hombre. El que se descarga acaba cansándose, y el que gozosamente toma sobre sí la carga de la donación y el amor permanece joven y lleno de sentido.
En
este contexto social sigue teniendo vigencia como nunca la parábola evangélica
del tesoro escondido. Nosotros y nuestros contemporáneos seguimos buscando
inconscientemente un tesoro, un tesoro que vale más que todo lo que le rodea,
un tesoro que salve nuestra vida dándole
una causa para vivir y para morir, porque las grandes causas para vivir son a
la vez grandes causas para morir, para dar la vida por ellas. Lo malo es que
hoy en día el tesoro puede estar escondido y sepultado en medio de tanto
confort y facilidades que constituyen nuestra vida cotidiana.
Lo mismo hay que decir de la perla. En el fondo, es la misma comparación formulada con otras
palabras. ¿Qué pueden expresar el
"tesoro" y la "perla"?
