Caminar desde Cristo.: Comentarios a las lecturas del Domingo XXV del Tie...:
Las lecturas de este domingo son de una gran actualidad, pues a través de
ellas encontramos aportes muy inspiradores sobre la Ética de los Negocios. La
corrupción pertenece a esa zona oscura de los seres humanos, allí donde se
ocultan nuestras miserias (el orgullo, la envidia, la codicia). Si nos
descuidamos y dejamos llevar por lo que la sociedad considera como normal y
políticamente correcto, terminaremos como los personajes de estos relatos.
El evangelio nos presenta una parábola que nos habla del balance de una
gestión. Con ello se nos recuerda que todos y cada uno de nosotros hemos de
rendir cuentas ante el Señor de toda nuestra vida, hemos de entregar un balance
de nuestra gestión.
Y según sea el resultado, así será la sentencia que el Juez supremo dicte en
aquel día definitivo. A lo largo de nuestra vida vamos recibiendo bienes de
todas clases, materiales y espirituales, vamos disponiendo de meses y de años,
de horas y de minutos.

La astucia de aquel
administrador infiel, qué ponía interés en sus asuntos, cuánto se jugaba por
solucionar sus problemas. El Señor da por supuesto lo inmoral de su conducta,
pero reconoce al mismo tiempo la eficacia de su actuación, la inteligencia de
que hizo alarde para salir de su apurada situación. Compara esa manera de
proceder de granuja la actuación de los que son buenos. Y concluye que los hijos
de las tinieblas son más astutos en sus asuntos que los hijos de la luz en los
suyos. A pesar de que lo que persiguen los primeros son sólo unos bienes
caducos, mientras que los que alcanzan los hijos de Dios son unos bienes
superiores e imperecederos.
Este es el dramático problema que
Jesús quiere resolver con estas expresiones dificultosas, pero iluminadoras y
actuales. El creyente está en medio del mundo para que, como Jesús, sepa
discernir y valorar en sus justos límites los distintos valores: los humanos y
los del reino. Utilizar aquellos sin poner en riesgo éste. He ahí la gran
sabiduría que Jesús desea a sus discípulos, para que puedan ser siempre señores
e hijos libres en la casa del Padre, que para eso nos ha librado el Hijo.
Entendería mal este mensaje de Jesús quien despreciara los valores terrenos de
raíz. Y lo entendería peor quien pusiera en ellos su esperanza. Hay que
utilizarlos con sabiduría; más todavía, utilizarlos como ayudas para conseguir
el reino y vivir en la solidaridad y la justicia.