domingo, 12 de enero de 2020

Comentario a las lecturas de la Solemnidad del Bautismo de Jesús en el Jordán. 12 de enero 2020

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Con la solemnidad del Bautismo del
Señor termina el tiempo de Navidad e iniciamos el Tiempo Ordinario.
La escena del Jordán es el principio de la vida pública del Salvador. A nosotros se nos abre también un tiempo “normal”, de camino corriente, tras la maravilla que hemos celebrado en Navidad. Pero también es tiempo de espera y de conversión. Esta primera parte del Tiempo Ordinario terminará en el Miércoles de Ceniza, y con ella se inicia la Cuaresma, el ascenso hasta la Pascua gloriosa.
El núcleo de la liturgia de hoy es el texto del evangelio que nos muestra a Jesús en el momento de ser bautizado por Juan en el Jordán, y es ungido por el Espíritu Santo y proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre desde el cielo.
Sin duda, esta escena está muy elaborada, presenta un gran contenido teológico, y concretamente trinitario: el Padre revela que Jesús es su Hijo y lo unge con el don del Espíritu. A partir de aquí, Jesús ya puede empezar a llevar a término la misión encomendada por el Padre en medio de los hombres.

Lecturas de la Solemnidad Bautismo del Señor 12 de enero 2020

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La primera lectura  procede del Libro del Profeta Isaías. Nos describe al Mesías como lo es siempre Dios, que no llega en el viento impetuoso, sino en el susurro. No romperá la caña tronchada, dice. Es un anuncio  de Jesús y su forma de actuar.
Imagen relacionadaEl Salmo 28 nos muestra la fuerza y majestad de Dios. Y desde su poder ofrece la salvación a su criatura predilecta: al hombre, a la mujer. El versículo responsorial nos lo explica todo. El Señor  bendice a su pueblo con la paz.
La segunda lectura es del capítulo 10 del Libro de los Hechos de los Apapóstoles, nos presenta a Pedro que describe a Jesús, como quien pasó su vida haciendo el bien y liberando a los oprimidos por el diablo.
San Mateo nos presenta la escena del bautismo de Jesús. Juan no quiere bautizar a Jesús porque sabe que no tiene pecado, pero el Señor se presta al bautismo como un pecador más. Y es Juan --y todos los presentes-- quien va a ver y oír la fuerza de la Trinidad, del Dios uno y Trino.

sábado, 4 de enero de 2020

Lecturas del Domingo Segundo después de Navidad 5 de enero 2020

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¿Cómo recibimos nosotros la Palabra? 
Ella acampa entre nosotros, toma nuestra condición, "se hace hombre para divinizarnos a nosotros".
Resultado de imagen de prologo de San JuanAhora Jesús viene a nosotros y podemos descubrirle en los pobres y necesitados.
Muchas veces no le qu
eremos ver cuando llama a nuestra puerta, le rechazamos como fueron también rechazados José y María. Este el gran drama del hombre: el rechazo de Dios y del hermano. Es significativo ver cómo tuvieron que ir fuera de los muros de la ciudad, cómo los primeros que se dieron cuenta del nacimiento de su hijo fueron los excluidos de aquella época, los pastores, quienes, eran mal vistos porque nunca participaban del culto como los demás y vivían al margen de los demás. O más bien eran ellos marginados por los poderosos. Su trono fue un pesebre, su palacio un establo, su compañía un buey y una mula… ¡Por algo quiso Dios que fuera así!

Comentario a las lecturas del domingo II de Navidad. 5 de enero 2020

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Este domingo es como un reflejo de la fiesta de la Navidad. Y así muchos de los textos que se reflejan en la celebración de hoy son los mismos de la Natividad.
Viene muy buena esta “segunda oportunidad” de meditar esta Palabra de Dios, por si hace unos días se nos pasaron algunas cosas de la celebración del Nacimiento de nuestro Salvador.
Los textos litúrgicos de hoy ofrecen la dimensión teológica de los hechos de Belén.
La contemplación se basa principalmente en el prólogo del cuarto evangelio. El alma se postra al son de la gran afirmación: "La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros". Nosotros, por la venida de esta Palabra, somos hijos de Dios.
La presente meditación, siguiendo el texto sapiencial, nos conduce a ensalzar a la Sabiduría, a admirarla, a alabarla y bendecirla. Oración gratuita que acaricia el misterio, a semejanza de la actitud contemplativa de la Virgen María, y que lo hace penetrar en el corazón. Adoremos, pues, a la Divina Sabiduría Eterna, que ha querido residir, con todo su poder salvador, en la nueva Jerusalén, para participar a su pueblo la misma gloria que ella posee.
Imagen relacionadaLa oración, por tanto, deviene hoy glorificación de Dios. Oportunidad para dar alas a la alabanza que brota espontáneamente de la consideración de los hechos y palabras del Señor a favor de los hombres. Singularidad de una revelación que hemos tenido la suerte de conocer y que agradecemos con todo el alma.
Nuestra bendición -decir bien- se dirige a Dios, porque, en Cristo, nos ha bendecido con toda suerte de bendiciones espirituales. Elegidos eternamente a la santificación, nos ha predestinado a ser hijos adoptivos en el mismo Cristo. Debemos ser alabanza de la gloria de Dios. Tenemos que ser testigos de la esperanza que inunda nuestros corazones.

miércoles, 1 de enero de 2020

Lecturas de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. 1 de enero 2020

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María siempre presente a lo largo de todo el Adviento y las fiestas de Navidad. La celebramos hoy en el núcleo central de su misterio: Madre de Dios (Theotokos), (Lumen Gentium 53).
Pablo VI instauró también para hoy la jornada de la Paz; esto ha marcado la elección de la primera lectura y es bueno que se haga alusión al tema en el acto penitencial, las plegarias y el gesto de la paz.
Se ha de tener todo en cuenta, y colocarlo en su debido momento; no es posible hablar de todo en profundidad pero tampoco pasar por alto ninguno de estos aspectos. La dominante es, sin duda, la fiesta de Santa María.
La definición de María como Theotokos (madre de Dios) en el concilio de Efeso (433) es como una conclusión casi natural de los concilios de Nicea (325) y I de Constantinopla (381). El tema crucial de discusión en estos tiempos era la consideración de Cristo como hombre y Dios y el conflicto que existía en afirmar, en los términos de la época, la relación existente entre persona y naturaleza.
Nicea y I Constantinopla se esfuerzan en afirmar la naturaleza de Cristo como idéntica a la del Padre (homousios), consustancial al Padre; el hombre Jesús, es también Dios. Y será Éfeso el que afirme ya explícitamente que, al considerar la unidad inseparable de las dos naturalezas (divina y humana) en el Verbo, puede considerarse entonces a María como verdadera Madre de Dios.