miércoles, 13 de diciembre de 2017

Lecturas del III Domingo de Adviento 17 de diciembre 2017

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 En la primera lectura, del Profeta Isaías, se nos repite la invitación a estar alegres porque el profeta desborda de gozo y de alegría con la presencia del Señor. El Espíritu Santo ha ungido a quien nos va a curar y a alegrar, a quien nos va a sacar de la cárcel para ser felices y libres.
S.- El salmo de hoy interleccional,es el canto de la Virgen, el Magnificat,  que así se llama. Es una de las páginas más bellas de la Escritura y su cántico –o rezo-- como salmo da especial brillo a nuestra celebración eucarística en este tiempo de Adviento.
 La alegre antífona que hemos escuchado al principio es del apóstol San Pablo y de su carta primera a los Tesalonicenses, que es la segunda lectura de hoy. Pero además Pablo de Tarso nos pide nos pide firmeza en nuestras creencias. El Señor está cerca. Esta espera en la llegada de nuestro Dios hecho niño debe ser un tiempo de esperanza y de consolidación de nuestras creencias. Debemos de estar llenos de fe y de dicha para mejor recibir al Señor que ya viene.
 El evangelio de San Juan que hemos escuchado  nos narra con gran fuerza la historia de Juan, el Bautista, el precursor del Señor Jesús. Es el anuncio formal de Dios de que el Mesías está por llegar y, por tanto, hay que prepararlo todo, mejorar nuestros caminos y nuestras vidas. El gran momento está muy cerca.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Comentario a las Lecturas del II Domingo de Adviente. 10 de diciembre 2017.

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Si le preguntáramos al mensajero Juan qué entiende él por conversión, su probable respuesta sería la siguiente: la transformación moral por medio del arrepentimiento, una revolución espiritual mediante la renuncia, el abandono de la sociedad y el exilio al desierto.
Juan mismo, en calidad de convertido, daba ejemplo de lo que
pedía, viviendo fuera de la sociedad y reeditando el antiguo inconformista que fue Elías, a quien imitaba en reciedumbre y forma de vestir.
En Juan y en Elías, los dos modelos convertidos que el texto de hoy nos propone, hay un denominador común, un mismo arquetipo: salida.
¿Será hoy necesario realizar esa salida, entendida como abandono de la sociedad y marcha al desierto?.
Sí, la salida es necesaria. Entendida, sin embargo, como arquetipo de conversión, la salida no implica necesariamente un cambio de lugar geográfico. Basta con estar en la sociedad sin vivir como vive la sociedad.

Lecturas del II Domingo de Adviento 10 de diciembre de 2017.

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 Dios sigue viniendo hoy, a pesar de todo. Nos pide que colaboremos con El: "preparad un camino al Señor.... que las colinas se abajen…” Resulta sorprendente que el “evangelio de Jesucristo” comience con las obras y palabras del Precursor. La razón es que en el Bautista han ido a parar todas las
palabras y promesas del Antiguo Testamento, que ahora alcanzarán en Jesucristo su última expresión y su cumplimiento. Hay una coherencia entre lo que dice Juan y lo que hace, entre su mensaje y su vida. Aparece en el desierto llevando una vida nada convencional; aparece solo frente a todo el pueblo. Así es el profeta. Abajar las colinas es limitar nuestro orgullo y amor propio y pensar primero en los demás. Juan llama a penitencia, que quiere decir cambio de la mente y del corazón, del hombre y de su contorno cultural. El que hace penitencia se sumerge en el futuro de Dios, que está viniendo, y deja atrás un hombre viejo y un mundo viejo. Esto es lo que simbolizaba el bautismo de Juan.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Comentarios a la lecturas de la Inmaculada Concepcion de la Virgen Maria. 8 de diciembre 2017.

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Es este un mundo de hombres y mujeres libres, abierto por Dios desde el mismo momento de la creación del hombre, la realidad impuesta por el hombre es contradictoria. Muchos no quieren la libertad. A los más les produce miedo. Y ese miedo a la libertad engendra muchos pecados. Pero la libertad es también una de las facultades más nobles del género humano. Su capacidad libre de decisión le hace grande. Será bueno o malo por el uso de su libertad. No podrá responsabilizar de sus pecados a nadie. Pero tampoco nadie podría borrarle el enorme mérito de hacer el bien libremente. Solo la omnipotente justicia de Dios puede haber previsto esa libertad total de su criatura.
 María fue libre para asumir su camino y admitir con alegría la presencia en su seno del Salvador del Mundo. Desde ese momento –es bueno enfatizar lo obvio— la historia de Cristo está ligada a la joven de Nazaret. De ahí puede entenderse con toda facilidad la importancia del culto cristiano a la Santísima Virgen. Extraña el abandonismo de los cristianos reformados respecto a la valoración de la figura de Santa María en el camino de los creyentes. Pero no es este tiempo de controversias, ni de alejamientos. En Adviento estamos en situación de vigilia pacífica esperando la venida de Jesús y hemos de rogar, con toda nuestra fuerza, que cuando Jesús vuelva por segunda vez todos sus seguidores –todos, absolutamente todos los que mencionamos su Nombre—estemos unidos en la
caridad.
La consecuencia fundamental de la escena que nos cuenta San Lucas es la venida de Jesús para salvar a la humanidad. Y el Dios convertido en uno de nosotros será el que vaya a dar sentido a nuestras vidas para buscar eso que se ha llamado el Reino y que comenzará a anunciar Juan, el Hombre del Desierto. Debemos allanar los caminos, abajar los riscos y hacer del amor entre los humanos el mejor puente de santidad, como muy bien expresan el profeta Isaías y el Evangelista Marcos en la misa del pasado domingo, de anteayer. Tenemos, en estos días, que llenarnos de amor por Dios y por los hermanos y rezumar alegría por la espera del Niño Dios. No hay que quitar al Adviento su significado de espera familiar, de tiempo de hermandad, ni restarle todo el encanto que reúne su condición de "fiesta infantil". Es verdad, que nos quejaremos del exceso de consumismo que aplicamos en nuestra forma de celebrar el nacimiento de Cristo, pero también vamos a gritar a los cuatro vientos que es día más importante de la historia, la jornada donde comenzó nuestro mundo y nuestra era. El principio del mejor camino: el de Cristo. En su espera lo que nos lleva confiados a pedirle a la Virgen, concebida sin mancha, que nos muestre la dirección de Belén.

Lecturas de la La Inmaculada Concepción de Santa Maria Virgen. 8 de diciembre 2017

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 María es la figura principal del Adviento. Preparó su morada para la llegada del Salvador. Y esto fue así gracias a su disponibilidad para hacer la voluntad de Dios. En este segundo de Adviento celebramos a María porque ella nos ayuda a preparar también nuestro camino interior para recibir a Jesucristo en nuestro corazón. Cuando el Señor Dios llamó Adán, empezó la historia de la salvación. El relato del Génesis es dramático, pero nos abre a la esperanza. Si el Señor nos habla, es garantía de
salvación. El pecado está en el hombre. El pecado fue un deseo de igualarse a Dios y vivir con total autonomía. Y el pecado no fue solamente de un tal Adán y una tal Eva, sino del “hombre” y “la madre de los vivientes”, que son contemporáneos de todos los tiempos. Cuando Dios interviene, el hombre toma conciencia de sus heridas, pero también por primera vez se abre a la esperanza. En la lucha contra el mal una nueva mujer con su hijo saldrán victoriosos y repartirán entre todos los frutos de la victoria. María es la mujer que esperó siempre en Dios, que volcó en El su corazón, que dio testimonio de su fe y que entregó su vida a la causa de Dios. Ella lo llevó en su seno, también nosotros en cierto modo debemos acogerlo en nuestro interior. ¿Quién mejor que ella puede enseñarnos a esperar con confianza y alegría?

sábado, 2 de diciembre de 2017

Comentario a las Lecturas del I Domingo de Adviento. 3 de diciembre 2017

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Dice san Bernardo en un sermón sobre el Adviento y que se lee en el oficio de lectura del miércoles de la primera semana de Adviento:
"Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia.
Aquéllas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, "todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron". La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan.
De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder y, en la última, en gloria y majestad.
Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo".

viernes, 1 de diciembre de 2017

Lecturas del I Domingo de Adviento 3 de diciembre del 2017

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En la primera lectura, del profeta Isaías, se anuncia una gran novedad al pueblo judío, ya cinco siglos antes del nacimiento de Cristo. La paternidad de Abrahán no es la única ni, por supuesto, la más importante: el profeta anuncia la paternidad de Dios para todos los hombres. Y es algo revolucionario porque el pueblo judío, apartado de la cercanía del Padre, veía a Dios como alguien poderoso, justiciero y por tanto lejano. Isaías les ofrece una información muy notable que sería completada con creces por Jesús de Nazaret.
El salmo 79 debió de ser compuesto en los tiempos de la persecución del Rey Antíoco, en los años 168-165 antes de Cristo. Y se pide que en los tiempos difíciles el Dios generoso y amante de sus criaturas dirija su mirada hacia la viña que el mismo plantó. Desde luego, estamos viviendo tiempos difíciles en los que el pueblo de Dios es hostigado y al que se le niegan muchas de las libertades a las tiene derecho.
San Pablo , en su segunda carta a los Corintios –que es nuestra lectura segunda de hoy— nos dice claramente que la esperanza no es una cuestión de nuestra exclusiva cosecha: nos ha sido mostrada por Jesús y es su Vida, Muerte y Resurrección las que nos muestran el camino. Vivimos en Él y con Él, y de ahí nace y crece nuestra esperanza.
 El evangelio de hoy tiene continuidad (aunque de evangelista distinto), con el que leíamos el domingo pasado en la Solemnidad de Cristo Rey. Es la espera vigilante. No sabemos el momento que va a llegar el Señor, pero sabemos que va a llegar. No es una promesa sin contenido. Y esa espera es la que nos da ánimos para seguir y para ocuparnos de nuestros trabajos y obligaciones cotidianas. No viene el Señor para darnos todo hecho. Viene a pedirnos a colaborar con Él para todos nos salvemos y seamos felices.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Comentario a las Lecturas del XXXIV domingo del tiempo ordinario. 26 de noviembre 2017,

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Hoy finalizamos el año litúrgico... Por eso hoy celebramos la fiesta de Jesucristo,
nuestro Rey y Señor. Jesús es la síntesis de nuestra fe, es la manifestación plena del Reino de Dios hecho servicio a los hombres. Por eso, hoy es el día en que seremos juzgados por la Palabra de Dios, pues deberemos confrontar nuestra vida con el testimonio de Cristo. Hoy seremos juzgados según la medida de nuestro amor servicial al prójimo.

Celebremos la fiesta de Cristo Rey y miremos nuestra vida desde este gran espejo de nuestra fe: Jesús que da su vida por la salvación de todos.

Lecturas del XXXIV domingo del tiempo ordinario Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo 26 de noviembre de 2017

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 La Iglesia celebra hoy la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, fiesta creada por Pío XI en 1925 y situada como frontera de tiempos y espacios –del Tiempo Ordinario al Adviento que marca un nuevo año litúrgico— que marca final y principio. Termina el Ciclo A e iniciaremos el B. La realeza
de Cristo sorprende. No es de poder, sino de mansedumbre. No es de mando, sino de servicio. No es de lujo, ni de ostentación, sino de pobreza y humildad. De ahí pues la singularidad de esta celebración que debemos asumir con entrega y emoción. Y ya queda dicho: iniciamos el domingo próximo, el día 3 de diciembre, el Adviento y el Ciclo B. Llegaremos, pues, un tiempo de esperanza y alegría.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Comentario de las lecturas del XXXIII Domingo del TO 18 de noviembre 2017

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 Vamos acercándonos al final del Tiempo Ordinario y con ello a la conclusión del año litúrgico. La semana que viene, con la celebración de Jesucristo, Rey del Universo, se concluye, pues, el ciclo A. El Adviento es la espera del tiempo nuevo y, por tanto, lo anterior se relaciona con el final de los tiempos. O, al menos, con nuestro fin individual. La semana pasada, en la parábola de las doncellas se nos pedía mucha atención a la llegada, siempre inesperada, del Señor. Hoy, con el relato de los talentos se establece una advertencia dirigida a los justos, a los habituales en el trato de Jesús. No tanto a los alejados, a los pecadores.
 La convocatoria por parte del Papa Francisco de la I Jornada Mundial de los Pobres ha sido una generalizada sorpresa que hizo –por ejemplo—adelantar de fecha la tradicional celebración del Día de la Iglesia Diocesana al domingo pasado, el 32 del Tiempo Ordinario. Nos unimos a la convocatoria del Papa Francisco en la I Jornada Mundial de los Pobres bajo el título «No amemos de palabra sino con obras» y nos comprometemos a seguir escuchando el grito de auxilio de los pobres que reclaman nuestra ayuda, tanto en el orden material como espiritual.